Por Marines Maal García
Cuando menos lo esperas la vida da un giro corto, se desplazan
sentimientos que te acompañan, surgen emociones nuevas, das el valor justo a
los recuerdos, los atesoras y los dejas en ese
espacio que solo tuyo.
Abrir un compás de espera fue lo mejor que pudiste
hacer, dejaste abierto el camino. Tiempo que ayudo a despejar las dudas, a
cuantificar y calificar aquello que te ataba,
hoy los nudos ya no existen. Intentaste
que los nudos se mantuvieran, los
mojaste para endurecer la soga, si alguien venia a desanudarlos los tapabas con
tu cuerpo para que jamás los vieran.
El mayor nudo, ¡ cuanto lo
cuidaste !, era tu propia vida, si esa que guardabas por que esperabas desanudarlo junto a alguien. Aun lo
conservas, aun esta en ti.
En complemento ideal se
encuentran todas las ataduras de la vida, soltar las amarras cuesta pero se
logra.
Amarraste a tus hijos cuando eran
pequeños, aprendiste a soltarlos a pesar de no querer hacerlo, amarraste el
amor y entendiste que el amor no ata, se une sin sogas.
El momento ideal de soltar es aquel
que sientes al no atar nada ni a nadie. Logras conservar tu nudo por que es tuyo,
prefieres mantenerlo para algún día compartir tu soga y seguir atándote a
tantos nudos que jamás podrías desatarlos si no lo deseas. Atar conlleva a
malestar, atar es mantenerte en estados dependientes.
Suelta las amarras, si alguien la
toma es por que desea atarse a ti, todo va de manera natural, conviene no
dejarla suelta, la amarra más fuerte es aquella que no se ve y no se siente
sino con el corazón.
En la profundidad de los
sentimientos se encuentran sumergidos los deseos y la plenitud, no se necesitan
sogas, no se necesitan más nudos. Las personas solemos buscar ataduras para
darle sentido inminente a la vida, perdiendo
la perspectiva del valor de cada quien.
Valorarse mantiene la libertad, la confianza, la
seguridad de quienes poseen la satisfacción de no atarse por dependencia
afectiva o emocional.
Te recuerdo, el valor que le das a cada persona y a ti mismo
beneficiará cada acción, cuantifica el amor y multiplica la posibilidad de ser feliz.
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